martes, 24 de septiembre de 2013

No cultivemos la verifobia



Ricardo Rojas León

Alguien escribió una vez que la mentira es la madre de la filosofía. O así decían los atenienses que surgió esa disciplina y de la cual Epicuro decía que debíamos ser esclavos “para tener verdadera libertad”.
Michele Taruffo

Las discusiones sobre la verdad y la mentira, aunque atraviesan toda la historia del pensamiento occidental, han estado presentes en todas las culturas, algunas más antiguas que la nuestra, y parecería ser una tema recurrente y siempre abierto. Incluso, la famosa concepción de la verdad correspondencia, que recoge la expresión latina “veritas est adaequiatio rei et intelletus”,  aunque mayoritariamente aceptada, sigue encontrando quien la impugne.

Sobre este tema me viene a la memoria la polémica sobre el derecho a mentir, que enfrentó al filósofo de Königsberg, Inmanuel Kant, y al escritor y político francés Benjamin Constant, famoso por su oportunismo o, como se diría, por su “solo inconstancia constans”.  Y hace apenas tres años, la discusión sostenida por los famosos procesalistas italianos Michele Taruffo y Bruno Cavallone, que tuvo como punto de partida el concepto de “verifobia” (enemigo de la verdad), ampliamente expuesto por el primero en una de sus recientes obras (“Simplemente la verdad: el juez y la construcción de los hechos”).

Lo anterior viene a cuento, porque contrario a lo que se pudiera pensar, el tema de la verdad –y la ausencia de ella o de la mentira- tiene una gran importancia práctica, y no un simple interés filosófico e intelectual.  Esa importancia no se reduce al ámbito de las ciencias experimentales o las ciencias humanas, sino a actividades tan relevantes como la economía o la conducción misma de la vida política de una nación.

Consciente de ello es que, en gran medida, en todas las sociedades modernas la transparencia en los asuntos públicos se ha erigido una obligación de informar de los que ejercen alguna función, derivada del voto popular o no, y el derecho fundamental de buscar, obtener y difundir informaciones de todos los ciudadanos.  Sin mencionar, el derecho a la verdad que existe en materia de Derechos Humanos.

En muchas sociedades modernas, mentir o simplemente tergiversar la verdad acarrea sanciones de diversa índole, así como un repudio social generalizado. Sobre todo, cuando se desempeñan funciones públicas o se investiga la verdad sobre determinados hechos.  Y no es que ingenuamente creamos que la mentira –sobre todo aquella que construye el más burdo interés-, no se encuentre a la orden del día, o no sea una de las propensiones del “ángel caído”, sino que social y políticamente no tiene que ser tolerada o simplemente ignorada. Porque es muy probable que la mentira pueda ser presentada, en determinadas circunstancias, como “piadosa”, pero sólo la verdad libera y, porque –como diría Gramsci- “sólo la verdad es revolucionaria”.  

Una sociedad que, como la nuestra cultiva la verifobia, el odio a la verdad, no avanza, no crece, no se desarrolla a la misma velocidad que aquellas en las que se rinde culto a la verdad. Una sociedad, que pretenda ser parte del siglo XXI, no puede dar la misma importancia y valor a la verdad que a la mentira. No cultivemos la verifobia. No seamos indiferentes o complacientes con la mentira, sobre todo la de aquellos que desempeñan funciones públicas. Al final su costo es más alto que el de cultivar la verdad y la transparencia.

1 comentario:

  1. Ricardo, un país cuyo escudo tiene en el centro una Biblia abierta con la cita de Juan 8:32, "y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres", tendría que ser coherente con su ideal independentista. Pero es ahí, querido hermano, donde radica la cuestión; no creo que en toda nuestra historia republicana hayamos obrado en la verdad. No se te ocurre pensar que la "verifobia" viene desde mucho antes? No es el propio escudo, con su Biblia en el centro, un reflejo del querer ser y no ser de nuestra Nación? Cuál verdad hermano? Y por cuáles medios pretendemos alcanzarla? Recordando la frase de que en "la guerra, la primera víctima es la verdad", pienso que no hemos dejado de estar en guerra contra nosotros mismos como sociedad. Hasta que no definamos lo que somos realmente, no veremos la verdad. No podemos seguir siendo 3 sociedades al mismo tiempo... pero esto continuará (especialmente si tenemos tiempo de ese cafécito que nos prometimos). Un abrazo,

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