martes, 29 de mayo de 2012

La victoria y la certeza


En las sociedades democráticas modernas, el poder se construye con la palabra.

Por Ricardo Rojas León

Los resultados de las elecciones del 20 de mayo han vuelto a poner en evidencia el papel que juegan la incertidumbre, las expectativas y el riesgo en el comportamiento electoral de los ciudadanos.

Asistimos a un torneo donde esos factores, junto a otros elementos propios de la ecología electoral dominicana –como la adhesión partidaria-, pudieran explicar parte del triunfo del presidente electo Danilo Medina.

En las sociedades democráticas modernas, el poder se construye con la palabra, con el discurso, porque, como es admitido, el lenguaje es un medio para estructurar las realidades.  Y las personas (políticos, empresarios, líderes de opinión) hacen cuando dicen y dicen cuando hacen, contribuyendo de ese modo a la construcción social de la realidad.

Danilo Medina tuvo el mérito de que su campaña electoral se caracterizó por aportar certezas, soluciones, propuestas, mientras su principal rival insistió en alimentar la incertidumbre, la perplejidad y la sensación de riesgo. 

Es cierto que vivimos en una sociedad donde predomina la incertidumbre social, como en todas las sociedades modernas. Y que esa incertidumbre social no es mitigada, sino muchas veces reforzada por la comunicación social y política. Pero como bien ha dicho Crovi Druetta, “se consigue reducir la incertidumbre a través de certezas¨.

Certezas fue, precisamente, lo que aportó Danilo Medina al país durante toda una campaña electoral en la que muchos dominicanos tuvieron la percepción de que nos jugábamos “el todo por el todo”, en la que una parte del activismo mediático partidista se centró en generar incertidumbre, a través de sus denuncias y amenazas, y en la que inevitablemente se expusieron, a la memoria colectiva, una serie de actitudes, conductas y acontecimientos, que generaron una legítima una percepción de riesgo y temor.

La oferta de “continuar lo que está bien”, expuso a Medina como un político maduro y responsable, capaz de reconocer los avances que ha realizado el país y el clima de estabilidad que disfrutan los dominicanos desde el año 2004, en que el PLD, de manos de Leonel Fernández, volvió a dirigir los destinos del país.   Y su promesa de “corregir lo que está mal”, lo colocó como una persona abierta al cambio, a la queja social y a las soluciones diferenciadas.

Danilo Medina obtuvo, como anticiparon las encuestas, el favor de las mayorías nacionales, no por las incidencias propias de la ecología electoral dominicana, como han planteado algunos, como forma de explicarse su derrota, sino porque la mayoría de los dominicanos desea seguir trillando los senderos del progreso, de la estabilidad y la certidumbre.  Y sólo él supo encarnarlo.  Sólo él aportó certeza en la campaña electoral. Lo demás son historias del cafetín de la derrota.



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