miércoles, 11 de abril de 2012

Solozábal y los Derechos Fundamentales



Ningún derecho fundamental es absoluto y debe ejercerse sin vulnerar los derechos de los demás.

Ricardo Rojas León

En su ensayo “Algunas cuestiones básicas de la Teoría de los Derechos Fundamentales”, el profesor español Juan José Solozábal critica la pretensión de algunos autores de que los derechos fundamentales constituyen un sistema “cerrado y completo”, copia escrita de su “existencia metapositiva”, criticando, de paso, como “contaminación jusnaturalista” del positivismo la visión “sistémica” de las declaraciones de derechos fundamentales.

En este punto considero que, precisamente, uno de los elementos que han permitido el desarrollo del constitucionalismo de post-guerra, es precisamente el reconocimiento de la existencia de algunos valores que sirven de fuente para los derechos fundamentales.  

Coincidimos con Solozábal en que los derechos fundamentales no forman un sistema cerrado y completo, sino que está abierto al continuo reconocimiento de nuevos intereses y ámbitos vitales que resulten necesario afirmar para propiciar un más pleno desarrollo del ser humano. 

Es claro que los derechos fundamentales son derechos positivos, no naturales, pero es evidente que muchos de los derechos positivos que hoy se reconocen, previamente fueron formulados como derechos natuales, no necesariamente en proclamas políticas o ideológicas, sino incluso como intuiciones racionales deducidas del reconocimiento de la condición del hombre como ser digno. 

Al abordar el tema de los límites de los DF’s, Solozábal realiza, a nuestro modo de ver, una adecuada conceptualización de la cuestión alusiva al carácter limitado de los derechos fundamentales, en dos acápites consecutivos de su ensayo. El jurista español sostiene que “los derechos fundamentales, a pesar de su imprescindibilidad, no son derechos absolutos, pues en el ordenamiento jurídico, como sistema que es, todos los derechos son limitados, pues todos se encuentran en relación próxima entre sí y con otros bienes constitucionalmente protegidos con los cuales, potencialmente, cabe el conflicto”. Del mismo modo, la limitación deriva “de la necesaria coexistencia de los mismo entre sí o con otros bienes jurídicos constitucionalmente protegidos”. 

Solozábal ha advertido que, a resultas de la necesaria “compatibilidad sistémica” de los derechos constitucionales, es posible formular tres observaciones: i) que el conflicto entre DF’s es inevitable, debido a su condición limitada e integrada; ii) ese conflicto no puede resolverse aceptando, en principio, la superioridad, de unos derechos sobre otros, pues los derechos fundamentales no están organizados jerárquicamente; y iii) la resolución del conflicto debe realizarse mediante la ponderación, independientemente de que la jurisprudencia constitucional establezca la prevalencia en casos determinados.

Solozábal, destaca, también que los límites a los derechos fundamentales pueden estar contenidos en el propio texto constitucional, en cuyo caso estamos hablando de restricciones expresas o explícitas a los derechos fundamentales, propias de la mayoría de los textos constitucionales. 

Un ejemplo claro de este límite expreso de un Derecho Fundamental es el establecido por el párrafo del artículo 49 de la Constitución dominicana, que consagra las libertades de expresión e información, además de otros derechos. Ese párrafo dice textualmente: "El disfrute de estas libertades se ejercer1< respetando el derecho al honor, a la intimidad, así como a la dignidad y la moral de las personas, en especial la protección de la juventud y de la infancia, de conformidad con la ley y el orden público".

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