martes, 24 de abril de 2012

Algunas estratagemas en la dialéctica de Schopenhauer



Ricardo Rojas León*


“En realidad no se trata de la verdad,
sino de la victoria”.
Schopenhauer


El renacimiento de la dialéctica y la retórica en el siglo pasado, trajo como consecuencia nuevos enfoques acerca de muchos de los elementos de la lógica aristotélica, así como nuevas concepciones acerca del papel de aquella en el mundo moderno.

Para Aristóteles, la retórica es una contrapartida de la dialéctica[1], concibiendo la primera como “la facultad de considerar en cada caso lo que puede ser convincente”,[2] y a la segunda, como el arte de “razonar sobre todo problema que se proponga a partir de cosas plausibles”.[3]

El estagirita, según Volpi, situaba la dialéctica en el ámbito de la opinión, de la endoxa,[4] y la separaba claramente de la ciencia, considerando la erística como una degeneración de la primera, en la medida en que se basaba en opiniones engañosas o aparentemente plausible.

El filosofo Arthur Schopenhauer, sin embargo, rescata una concepción erística de la dialéctica.  Para él, “en la dialéctica hay que dejar de lado la verdad objetiva o considerarla como accidente y únicamente considerar cómo defender las propias afirmaciones y demoler las del adversario”.[5]

“El verdadero concepto de la dialéctica - agrega – es, pues, el señalado: una esgrima intelectual con el objeto de tener razón en la controversia”,[6]

En su única obra sobre el tema, publicada luego de su muerte, Schopenhauer propone una serie de técnicas y estratagemas, para lograr que la tesis de cada quien sea aceptada como válida por el adversario y por quienes presencian la discusión. Lo curioso de esas estratagemas es que recomiendan toda clase de retorcimiento, falacia o tergiversación, con tal de deslucir el argumento del contrario.

En la estratagema No. 5, Schopenhauer propone que “se puede también, para demostrar la propia tesis, hacer uso de falsas premisas cuando el adversario no quiere aceptar las verdaderas, bien porque no reconoce que sean verdaderas o bien porque ve que de ellas se deducirá como consecuencia la tesis. Entonces se adoptarán proposiciones que son falsas en sí mismas pero verdaderas ad hominen, y se argumentará ex concessis a partir del modo de pensar del adversario”. 

Schopenhauer justifica el uso de este tipo de premisas diciendo que “lo verdadero puede también deducirse de premisas falsas, pero no lo falso de premisas verdaderas”.  Y agrega que “se puede también refutar tesis falsas del adversario por medio de otra tesis falsa que él acepta como verdadera”.[7]

En dos de sus estratagemas, el filósofo aconseja provocar la cólera del adversario. En la estratagema No. 8 propone “provocar la cólera del adversario, pues, en su furor, no será capaz de juzgar correctamente y percibir su propia ventaja. Se irrita su cólera haciéndole, sin disimulo, algo injusto, vejándolo y, en general, tratándolo con insolencia”.[8]

Y, en el estratagema No. 27, Schopenhauer recomienda que si el adversario, de forma imprevista, se enfurece frente a un argumento “hay que insistir con ardor en ese mismo argumento; no sólo porque es ventajoso hacer que se encolerice, sino porque se puede suponer que hemos tocado el flanco débil de su razonamiento y se le puede acosar en este punto más de lo que antes pensábamos”.

Otras estratagemas propuestas por el filósofo alemán aluden a los argumentos ad personam y ad hominem.  Así, en la estratagema No. 16, el autor de “Los dos problemas fundamentales de la ética”, recomienda argumentar ad hominen o ex concessis. Schopenhauer dice que si el adversario hace una afirmación, hay que buscar si no está de alguna manera, y en caso contrario aunque sea solo en apariencia, en contradicción con algo que anteriormente dijo o aceptó o con los principios de una escuela o secta que ha elogiado o aprobado, o con el comportamiento de los miembros de esa secta, aunque solo sea de los miembros no auténticos o aparentes, o con la misma conducta del adversario.  Y pone como ejemplo de esto recomendarle que se ahorque a alguien que está defendiendo el suicidio.  “De alguna manera u otra será siempre posible, -sostuvo- hallar alguna forma de vejamen”.[9]

Schopenhauer no sólo recomienda usar falacias, sino responder falacias con falacias, como dijimos anteriormente, y responder los argumentos ad hominen del adversario, con otros argumentos ad hominen.  El sostiene que si el adversario expone un argumento aparente o sofistico “podemos anularlo sacando a la luz su carácter capcioso e ilusorio”.[10]  Pero es mejor, propone el autor, “abatirlo con otro argumento igualmente sofístico y aparente”.[11]

Si, por ejemplo, “presenta un argumentum ad hominem, es suficiente quitarle su fuerza con un contraargumento ad hominen (ex concessis).  Una ventaja que advierte Schopenhauer de este tipo de respuesta que tiende a “abreviar” la contienda.

Otras recomendaciones de Schopenhauer tienden a declarar incompetente al adversario, o, simplemente etiquetarlo. Sugerir la incompetencia del adversario sería una forma de salir de una situación en la que no se tiene respuesta a los argumentos del adversario.[12]

Para el autor bajo comento, una forma de eliminar, en forma rápida, o por lo menos de tornar sospechoso un argumento del adversario es “reducirlo a una categoría generalmente detestada, aunque la relación sea tan sólo de vaga semejanza o poco rigurosa".  Schopenhauer propone, por ejemplo, etiquetar como maniqueísmo, arrianismo , pelagianismo, idealismo, naturalismo, ateísmo.  El etiquetamiento, a su juicio, da por supuesto dos cosas: a) que el argumento del adversario cae dentro de esa etiqueta, y b) que la etiqueta ya está de por si refutada, y, por lo tanto, no puede contener verdad.[13]

En su receta para “tener razón” frente al adversario, Schopenhauer recomienda, del mismo modo, “desconcertar” y “aturdir” al adversario con un manojo de palabras sin sentido.  Cree Schopenhauer que al interlocutor de escasa formación se le puede impresionar “ofreciéndole, con aire grave, un desatino que suene como algo docto y profundo”, lo cual es presentado como una demostración de la tesis que se sostiene. Con ironía, Schopenhauer endilgó a los filósofos alemanes de su época, recurrir a este tipo de estratagema frente a todo público de su país.

Como el objetivo es vencer al adversario, sin importar que se utlicen medios lícitos o ilícitos, el escritor propone como ultima estratagema, para el caso en que el adversario sea superior y luzca que no nos concederá la razón, se debe adoptar un tono ofensivo, insultante y áspero”. “El asunto se personaliza, pues del objeto de la contienda (dado que la partida está perdida) se pasa al contendiente y se ataca, de una manera u otra, a la persona”.[14]

Para Schopenhauer, este tipo de argumentación ad hominen que propone es “una apelación de las fuerzas del espíritu a las del cuerpo, a la animalidad.

Es claro, que la dialéctica que postula este autor alemán es completamente diferente de las dialéctica aristotélica, e incluso, a la de Kant, el filósofo de Konigsberg, y a la misma dialéctica hegeliana. El mismo Schopenhauer considera que la suya debe denominarse “dialéctica erística”, pues en ella se deja de lado la logicidad o veracidad de los argumentos, y todo se centra en la necesidad de vencer al adversario, a los ojos del público y del mismo contendor. 

Su recurrencia a sofismas y falacias, al argumento ad hominen, ad personam, ex concessis, non causae ut causae, la han tornado, a nuestro modo de ver, en una herramienta de escasa utilidad en materia de argumentación jurídica, sobre todo en el ámbito de la argumentación judicial.

Las ideas de Schopenhauer sobre su dialéctica erística las volvería a exponer en el capítulo segundo del tomo II de su famoso libro “Parerga y Paraliponema”, bajo el título de “Sobre la lógica y la dialéctica”.

Como se ha visto, este escritor alemán redujo la dialéctica a la erística, “rescatándola” del lugar que Aristóteles le había asignado, pues como bien ha señalado Volpi, para el filosofo griego la erística no puede representar más que una degeneración de la dialéctica “dado que esta parte sólo en apariencia, es decir, engañosamente, de opiniones plausibles”. [15]


 * El autor es abogado

[1] Aristóteles, Retórica.  Alianza Editorial, Madrid, 2002, pág. 45
[2]  Ibid idem
[3]  Ibid idem
[4] Volpi, Franco.  Schopenhauer y la Dialéctica, pág, 105.  Material de Estudio, UA.
[5] Schopenhauer, A. El arte de tener razón., expuesto en 38 estratagemas  Biblioteca Edaf, Madrid, 2005, pág. 26
[6] Opus Cit., pág 27
[7] Ibid idem, pág. 38
[8]  Ib. id. Pág. 40
[9] Ib. Id. Pág 45
[10] Ib. Id., pág 46
[11] Ib. Id.,  pág. 47
[12]  Ver estratagema No. 31, Op. cit., pág. 58.
[13]  Ver estratagema No. 32,  Op. cit., pág 60
[14] Op.cit., pág. 65
[15]  Volpi, op. cit, pág. 105

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