miércoles, 23 de noviembre de 2011

Feminicidios (1)


Ricardo Rojas León

La gran cantidad de homicidios y asesinatos de mujeres, ya por motivos pasionales o en un cuadro de violencia doméstica, parece haber desbordado la capacidad que tiene el Estado dominicano para enfrentar esos casos.

Como signataria de la “Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer”, mejor conocida como la “Convención de Belém Do Pará”, República Dominicana ha realizado esfuerzos tendentes a enfrentar este problema.

Se ha aprobado un marco legal y se han adoptado medidas administrativas para contener este flagelo, las que, al parecer, han sido sobrepasadas por una infinidad de casos de violencia sin sentido contra las mujeres.

La violencia contra las mujeres generalmente se produce en el marco de un esquema de dominación hombre-mujer, en que el fuerte arremete contra el que pretende dejar de ser un objeto, una víctima, un súcubo, para convertirse en sujeto de su propio destino.

Pero muchas veces, las mujeres que sufren vejámenes o encuentran la muerte a manos de sus maridos, ex esposos, compañeros o pretendientes, ni siquiera han desafiado la “autoridad masculina”, sino que simplemente disentido de una opinión o una voluntad que se concibe incuestionada.

Toda la sociedad dominicana tiene que cerrar filas en contra de esta ola irracional, salvaje e inhumana de violencia y crímenes contra las mujeres. Y tienen que adoptarse todas las medidas que resulten necesarias para erradicar estos crímenes y abusos.

Por razones de naturaleza dogmática, hasta hace poco me chocaba el término “feminicidio”, que un grupo de diputadas reclamaba que fuera integrado al texto del proyecto de Código Penal que, luego de ser observado por el tema del aborto, ha perimido varias veces en el Congreso. Sin embargo, ante esta cruda y alarmante ola de homicidios y asesinatos contra mujeres, no tengo mayores razones para cuestionarlo.

Creo, a diferencia de los que creen que las penas solo sirven para “resocializar”, que en este caso se justifica un incremento de la sanción. Me parece que el homicidio de una mujer, precedido de violencia anterior verificable, debería ser sancionado con la misma pena que el asesinato, que como se sabe es un homicidio agravado por la acechanza o la premeditación.

No es posible que un feminicida que haya sido denunciado en una o varias ocasiones como agresor, al arrancarle la vida a una mujer sea condenado con la pena propia de un homicidio. Si cometer torturas o actos de barbarie contra una ex cónyuge se castiga con pena de 30 años de reclusión, la muerte precedida de violencias o agresiones no puede merecer una sanción menor.

El autor es abogado

No hay comentarios:

Publicar un comentario