martes, 20 de septiembre de 2011

Tapando el sol con el Código



Por Ricardo Rojas León


Siempre que la delincuencia hace de las suyas, se levantan voces para reclamar la modificación del Código Procesal Penal e, incluso, para solicitar que se agraven las penas contempladas en el Código Penal para algunos de los delitos más graves.
Entre esas voces predominan representantes de algunos de los órganos represivos del país, que en un aparente afán por lucir sobradamente eficientes, culpan al CPP de la suerte legal de muchos de sus errores y desmanes.
Es cierto que el Código requiere algunas modificaciones, pero no para reducirle las garantías a los procesados, sino para mejorar algunas de sus disposiciones, de forma que resulte una herramienta más eficaz para la persecución del delito.
Las estadísticas judiciales han demostrado hasta la saciedad que el actual proceso penal es mucho más efectivo que el anterior, obteniéndose un elevado porcentaje de condenas en relación con la cantidad de procesos iniciados. Ahora, por ejemplo, hay cinco mil presos preventivos más que hace siete años, cuando entró en vigencia el CPP.
Si los delitos violentos se han incrementado en los últimos años, resultaría pertinente analizar algunos de los factores sociales que los explican, recordando que la criminalidad es un problema multifactorial. También resultaría algo más que ocioso preguntarnos, ¿cuánto está la sociedad dominicana invirtiendo en el sector justicia? ¿Se han adecuado los presupuestos de la Procuraduría y la Suprema Corte a sus necesidades? ¿O en esas instancias públicas se vive haciendo “de tripas corazón”?
No huelga preguntarse si realmente fue conveniente dejar de fortalecer a la DNCD, para encargar a los policías a controlar el denominado “microtráfico”. O si, por el contrario los casi 30,979 puntos de drogas que un vergonzosamente célebre jefe policial dijo algunas veces que existían en el país, se han reducido o proliferado como la verdolaga. El problema de la justicia, de los jueces en particular, es que no pueden salir a defenderse y a responder todas las críticas y cuestionamientos que, aunque pudieran estar “bien intencionados”, muchas veces carecen de fundamento, o tienen una explicación.
Ahora bien, lo triste de todo este debate sobre la necesidad de modificar el CPP para hacerlo más “inflexible con los delincuentes”, es que muchos de los que intervienen tienen una clara conciencia de cuáles son las causas reales del incremento de la delincuencia. Pero es más fácil sumarse al coro de los que denostan el CPP, en forma acrítica, que hacerles entender que explicar la delincuencia por el Código, es como
pretender tapar el sol con un dedo.

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