martes, 26 de julio de 2011

Por qué ningunear los cables de Wikileaks?


Los cables enviados por la embajada de los Estados Unidos al Departamento de Estado son un relato de nuestra realidad.

Por Ricardo Rojas León

Las reacciones públicas que han surgido en el país en los últimos días, en relación con las notas de la diplomacia norteamericana sobre lo que pasó en años recientes en el país, reveladas al Grupo SIN por Wikileaks, me recuerdan un episodio de la revolución francesa contada por la exquisita pluma de Stefan Sweig.

El célebre escritor austriaco narra en la biografía de Fouché, que al enterarse el político francés que había caído en desgracia con Robespierre, comenzó a reunirse con cada uno de los miembros de la Asamblea Nacional, mostrando a cada quien una supuesta lista con los nombres de los legisladores que próximamente serían decapitados, encabezada siempre por el interlocutor del momento.

De ese modo, Fouché le ganó la enemistad a Robespierre de la casi totalidad de los miembros de la Asamblea Nacional, incluyendo a algunos líderes jacobinos, que temían ser enviados a la guillotina durante esa época de terror.

Y eso es lo que explica que, terminada la labor de intriga del jefe policial del Directorio, cuando Louis Saint-Just se levantó para leer en la Asamblea una propuesta política conciliadora redactada por “El Incorruptible”, la mayoría de los asambleístas –creyendo que se leería un listado con nuevas ejecuciones- se levantó e impidió la lectura del documento, acusando a Robespierre de dictador, ordenando su arresto junto a otros seguidores, en lo que la historia recuerda como el “Golpe de Estado de Thermidor”. Robespierre fue decapitado al día siguiente, 10 de Thermidor del año II, en la Plaza de la Revolución.

Igual reacción a la de los asambleístas franceses temorosos de la guillotina, están teniendo muchos líderes políticos dominicanos frente a los cables del Departamento de Estado, filtrados a Wikileaks por el soldado Bradley Manning. Reaccionan descalificándolos, sin preocuparse por determinar o que se determine si el contenido de esos cables es cierto. Gente que en ocasiones le atribuye credibilidad a todo lo que dice "la embajada", ahora pretende descalificar el contenido de esas notas diplomáticas.

No me atrevo a afirmar que tan cierto es lo que se dice en cada uno de los cables de la embajada dominicana, dirigidos al Departamento de Estado. Pero me resisto a creer que se trate de una sarta de mentiras, como algunos pretenden hacernos creer.

El peor error que podemos cometer como nación es ningunear las notas diplomáticas norteamericanas que obtuvo Wikileaks, pues estaríamos descartando la posibilidad de enmendar algunos de los males y problemas que se revelan o, simplemente, reportan. Algunos de los asuntos que han salido a relucir en estos cables, son situaciones harto conocidas en los respectivos ambientes en que se han producido. Mientras, otros son simples "secretos a voces" que han circulado en el país.

Esos cables que personal de la embajada de los Estados Unidos envió al Departamento de Estados en los últimos años recogen la forma en que los diplomáticos de esa nación piensan de los dominicanos. Tal como relatan en los cables, así nos ven y nos pintan.

No nos rasguemos las vestiduras ante nuestro propio retrato.

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