domingo, 24 de julio de 2011

La cinta de Papi Luciano




Ricardo Rojas León






De la reciente rueda de prensa conjunta del presidente y primer vicepresidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Subero Isa y Rafael Manuel Luciano Pichardo, para aclarar una nota enviada por la embajada de los Estados Unidos que cuestiona la moralidad del segundo de ellos, no todo quedó debidamente esclarecido.


En el cable alusivo al tema, la nota diplomática dice que la embajada norteamericana "..recibió sin haberla solicitado, grabaciones ilegales que parecen ser parte de un campaña de descrédito contra Pichardo...".


El cable, que forma parte de los documentos filtrados a Wikileaks por un soldado norteamericano, deja establecido que en la República Dominicana las intervenciones telefónicas siguen produciéndose sin ningún tipo de control y que ni siquiera los jueces de la Suprema Corte de Justicia están a salvo de esa práctica criminal.


Siempre he creído que el derecho a la intimidad y a la inviolabilidad de la corresopondencia privada son olímpicamente vulnerados en este país. Por eso, se ha tornado parte de la cultura comunicacional del dominicano hablar por teléfono con claves, sin importar de qué se trate el tema de conversación. Todos, en especial los que desempeñan funciones públicas o se dedican a la actividad política y hasta periodística, temen que sus telefónos, en especial sus celulares, se encuentran intervenidos.


Muchos dominicanos hablamos por teléfonos y texteamos cada vez menos, aunque chateamos cada vez más, con la esperanza de que a los que participan de la vulgar y politicamente estimulada industria de las "escuchas ilegales" encuentren más dificultades para violentar nuestros derecho a la intimidad, al tratar de intevenir esa forma de comunicarnos.


Probablemente nunca sabremos quién envió a la embajada norteamericana la cinta con la conversación de Papi Luciano. Lo que si podemos dar por cierto es que la República Dominicana es uno de los paises donde con mayor desenfado se producen escuchas ilegales. Y nadie dice nada. Quizás porque a nadie le importa.

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