lunes, 30 de mayo de 2011

El ajuste de la tarifa eléctrica

Por Ricardo Rojas León

El ajuste de un 8% en la factura eléctrica es una medida necesaria, que busca contribuir a la sostenibilidad de un sector que tradicionalmente ha operado en forma ineficiente y deficitaria.
Ese aumento, sin embargo, no refleja la forma en que los precios de los combustibles han impactado en los costos de las empresas de generación en el último año.
Pensemos solamente que, de acuerdo con recientes declaraciones de don Celso Marranzini, el costo promedio de la canasta de combustibles que utilizan las plantas que suplen al sistema energético nacional, se ha incrementado en un 43 por ciento desde el año pasado hasta la fecha. Y, sin embargo, con el nuevo aumento, la tarifa apenas se ha incrementado en un 19% en los últimos años.
No es posible que los dominicanos, nuestras autoridades, sigan posponiendo, por razones meramente políticas, las decisiones que tienden a corregir las distorsiones de cada uno de los mercados.
Todo sabemos que el sector eléctrico opera en forma ineficiente, por una serie de factores que no vienen a cuento, pero que obligan al Gobierno a adoptar las medidas que garanticen la sostenibilidad de ese sector, por lo menos en el largo plazo.
Para este año, por ejemplo, se presupuestó un subsidio a la CDEEE por unos US$300 millones, lógicamente partiendo del supuesto de que los precios del petróleo promediarían los US$76 dólares el barril.
Sin embargo, con precios promedio de unos US$102 dólares por barril, resulta entendible que la CDEEE esté reclamando una asistencia mayor.
El aumento del 8% en la tarifa, en el mejor de los escenarios, le reportaría ingresos por unos US$50 millones, en lo que resta del 2011, cantidad insuficiente para cubrir el déficit con que opera el sector. Esto, lógicamente, impone al sector eléctrico en su conjunto la necesidad de mejor sus ingresos propios, mediante la incorporación de nuevos clientes, la mejoría en el cobro y la reducción de los niveles de evasión.
Si los dominicanos hemos sido capaces de transparentar los precios de los combustibles y de asumir como lógica la máxima de que “cuando suben, suben y cuando bajan, bajan”, no debemos seguir eludiendo la responsabilidad de hacer lo propio en el mercado eléctrico.
Lo contrario es posponer un ajuste que va a provocar un mayor deterioro de ese sector y que, al final, como toda cirugía que se hace a un órgano al que no se le ha prestado atención, deberá ser mucho más amplia y dolorosa.

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