viernes, 24 de diciembre de 2010

Los lodos de aquella crisis

Todavía el país no se recupera de los niveles de desempleo, pobreza y marginalidad en que cayó durante la crisis del 2003-04


Cuando a comienzos del 2003 muchos dominicanos no se explicaban las causas de la devaluación del peso, a alguien se le ocurrió, como acontece a menudo, buscar las culpas en el pasado.

Y hoy que ha vuelto a debatirse el tema de la devaluación, la inflación, el desempleo y la pobreza que provocó el mal manejo de la crisis originada en los fraudes bancarios descubiertos y encarados en 2003, hay quienes pretenden aprovecharse de la proverbial desmemoria del criollo para vender las mismas fábulas.

No es cierto que lo que provocó la devaluación fue el supuestamente permisivo endeudamiento externo de la banca dominicana. Esa hipótesis peregrina ya antes quedó disconfirmada. 

Es importante recordar que, a consecuencia del denominado “paquetazo fiscal”, la economía se contrajo durante el primer semestre del 2001, pero a partir de entonces el Banco Central comenzó a acumular reservas para evitar una apreciación del tipo de cambio ante la caída de las importaciones, se redimieron certificados de participación en poder del público y la tasa de cambio oficial se ajustó a la del mercado. Además, el Banco Central se desprendió de ingresos y egresos en divisas. La emisión monetaria creció más de un 30 por ciento en el 2001.

Además, el financiamiento al sector público se incrementó en un 83%, llegando alguien a decir que “el gobierno era el mejor cliente de los bancos”.  Se propició una baja en las tasas de interés y se estimularon el consumo y el gasto privado. Todas esas medidas fiscales y monetarias indujeron un crecimiento del 5.2% en el segundo semestre del 2001.

La excesiva monetización de la economía y el uso intensivo de los bonos provocaron un aumento de la demanda agregada de la economía durante las elecciones congresuales del 2002, que se reflejó en un incremento de la demanda de divisas en el mercado cambiario, todo lo cual se agudizó al conocerse de las dificultades de algunos bancos, y porque una parte apreciable de la asistencia financiera a esas entidades, terminó en cuentas vinculadas en el exterior. Y como triste colofón, el pago directo a una infinidad de depositantes defraudados, incrementaron la devaluación y la inflación,  generándose cifras de pobreza, marginalidad y desempleo de las que aun nos recuperamos. Esas aguas trajeron sus propios lodos. Y no es verdad que arrastraron lodos del pasado.

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