jueves, 23 de diciembre de 2010

El libro y el museo a Trujillo

El museo a Trujillo es algo inaceptable, como lo es prohibir el libro de marras sobre la vida del dictador.

El debate sobre la prohibición judicial de comercializar el libro escrito por la señora Angela Trujillo, en torno a la vida de su padre, y las críticas a la intención de un nieto del dictador de crear un museo sobre la obra de su abuelo, revelan que muchas de las heridas causadas por el tirano aún siguen abiertas.

Trujillo enlutó a la sociedad dominicana, castró varias generaciones y aunque durante su dictadura el país evolucionó, probablemente la nación dominicana hubiera alcanzado mayores estadios de desarrollo si hubiese sido dirigida por gobiernos democráticos. Trujillo protagonizó la peor y más traumática tragedia que pueblo alguno haya padecido en América Latina. 

A casi medio siglo de su retrasado ajusticiamiento, el ideario antidemocrático de Trujillo y mucho menos su deleznable ejemplo de hombre público, no están en capacidad de generar algo más que la nostalgia de los que medraron a la sombra de su poder.

Cuando hace 25 años preparé una serie de reportajes y un documental sobre la dictadura de Trujillo, me sorprendieron los impactos de bala que aún quedaban en las paredes del sótano de la denominada “cárcel del 9” y la grima que me provocó visitar la antigua cárcel de La 40.  También las historias de torturas de todo tipo y las muertes de opositores al régimen en piscinas repletas de pirañas.

Por eso, pienso como Vargas Llosa, que lo que hemos debido hacer los dominicanos es crear un Museo del Horror, donde se exhiban las fotos de todos aquellos que fueron asesinados durante esa sangrienta dictadura. 

Los Trujillo no pueden exhibir nada que no hubiese sido conseguido el país con menos crímenes, abusos, corrupción y saqueo de los bienes y recursos del Estado, y con el despojo de muchas propiedades privadas.

Respecto del libro de la señora Trujillo, creo, sin embargo, que su prohibición, más que contribuir al fortalecimiento del clima de libertades que vive el país, constituye un precedente de censura previa que debemos evitar.

La historia hace tiempo que pasó balance de la obra de terror, muerte y espanto que protagonizó el dictador.  Y no me parece que el libro que ha escrito su hija va a rescatar a la insalvable imagen de su padre. Dejémosle que expresen sus ideas, con la firme convicción de que la democracia crece con el debate, y que los pueblos no olvidan con la facilidad con que muchas veces se piensa.  

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